miércoles, 4 de enero de 2017

Callejero del crimen (V): la Torre de la Malmuerta, en Córdoba

En 1236, la reconquista de Córdoba por el rey Santo [Fernando III de Castilla y León] acontece en unas circunstancias de rendición que permiten una toma de la ciudad sin gran alteración de su patrimonio inmueble, tanto de las mezquitas como de los palacios y las casas existentes [1]. Durante aquel periodo bajomedieval, la capital del Califato continuó siendo una “ciudad de frontera”, cercana al reino de Granada y (…) sujeta a las amenazas de incursiones islámicas y, a su vez, base para las cristianas. Por ello se mantuvieron y reforzaron las murallas que la defendían y alcanzaban un perímetro de 7 kilómetros. Se reparaban cada cierto tiempo con piedra y tapial, y en su estructura a veces es difícil distinguir las partes musulmanas de las cristianas. Un camino o adarve corría sobre aquéllas, detrás de almenas y merlones almenados, torres defensivas exentas, adosadas o unidas al muro (ejemplo aún existente la de la Malmuerta (…) y fosos, componían la obra [2].

Una inscripción que aún se conserva bajo el camino de ronda, en el arco que unió el lienzo de las murallas con esta torre albarrana, nos indica que la actual construcción –de planta octogonal, con espolones en su base para evitar que se pudiera asediar– se levantó entre 1404 y 1408, y que la mandó facer el muy poderoso rey Don Enrique, probablemente sobre otra defensa musulmana anterior. Como recuerda Antonio Alcalde, en el archivo municipal de Córdoba existe un privilegio de 1405, en que D. Enrique manda destinar a esta obra el producto de las multas a los thaures [sic] y garitos [3]; además de otros impuestos que gravaron las carnes y los vinos en tiempos de Enrique III de Castilla.



Cuando perdió su originaria función –defendiendo las Puertas del Colodro y del Rincón [4]– la torre se convirtió en prisión para los nobles, almacén de pólvora e incluso observatorio astronómico; no olvidemos que, en aquel tiempo, era la construcción militar más elevada de toda Córdoba, con una altura que superaba los 25 metros y estaba situada en los arrabales de la ciudad, junto al campo, en uno de los extremos del recinto amurallado que rodeaba la Axerquía (el segundo asentamiento cordobés situado al Este de la Medina o Villa, donde se encuentra la célebre mezquita-catedral).

Aunque, a ciencia cierta, no se conoce el origen del trágico sobrenombre que recibe este torreón, diversas leyendas trataron de explicar quién pudo ser aquella dama mal muerta. La más conocida narra cómo, a comienzos del siglo XV, un noble mató a su joven esposa en un arrebato de celos, al estar convencido de su infidelidad; y cuando descubrió que todos sus temores eran infundados, se postró ante el soberano y el rey castellano dictó la siguiente sentencia: Edificarás la torre y cuando la termines morirás en ella.

Otras historias ponen nombre a los dos protagonistas: el anciano caballero Gómez de Figueroa y su piadosa y joven mujer, Clara de Herrera. El demonio de ojos verdes, que diría Otelo, fue el motivo por el que el marido acudió a una hechicera para que le diera un brebaje con el que descubrir la verdad. Fuera de sí, el hombre llegó a casa y la apuñaló reiteradamente. Según España fascinante [5]: Durante el juicio, numerosos testigos de todas las condiciones sociales relataron las virtudes de Clara y la inexistencia de cualquier asomo de duda acerca de su noble y generoso comportamiento. Ante tan abrumadoras evidencias el rey declaró que no había justificación alguna para su muerte por lo que el rey dijo que se escribiera que la mujer había sido “malmuerta” por su esposo. Habiendo quedado probado que el viejo actuó bajo los efectos de un bebedizo y que no era dueño de sus actos fue condenado a estar encerrado a perpetuidad. Además, dadas las características extraordinarias de su esposa, fue condenado a restaurar plenamente su memoria, que debería quedar inmortalizada como una víctima de su injusto esposo. El rey le sentenció al viejo Gómez de Figueroa a vender todas sus propiedades, a derribar la casona donde se cometió el asesinato y construir en ese mismo lugar una esbelta torre que se llamaría “de la Malmuerta”. El asesino debería de purgar su pena en la torre hasta la muerte.


Por último, una tercera versión vincula el crimen con el comendador cordobés, Fernán Alfonso, del que se dice que asesinó a su esposa, Beatriz de Hinestrosa; al caballero que tomó por su amante, Jorge de Solier; a un hermano de éste y a dos criados cuando, de nuevo, se obsesionó con el adulterio de su mujer que, al final, resultó ser falso [6]. Con escaso rigor histórico, esta última historia atribuye el veredicto real a Juan II de Castilla; soberano que ni siquiera había nacido cuando ya se había empezado a construir la Torre de la Malmuerta. Este fue el motivo del cuadro Leyenda de la Torre de la Malmuerta que pintó el sevillano José María Rodríguez de Losada en 1872 y que, hoy en día, se conserva en la Diputación de Córdoba.

Citas: [1] DE LARRIVA ORTEGA, V. y RIOBÓO CAMACHO, F. Córdoba interior. La vida desde el patio. Córdoba: El Páramo, 2009, p. 20. [2] VENTURA, J. M. Historia ilustrada de Córdoba. Córdoba: Almuzara, 2005, p. 100]. [3] ALCALDE Y VALLADARES, A. Tradiciones españolas. Córdoba y su provincia. Valladolid: Maxtor, 2013, p. 35. [4] COURAULT, C. “Las murallas urbanas de Córdoba (Villa y Axerquía) en la Edad Moderna”. En Defensive Architecture of the Mediterranean. XV to XVIII centuries, Vol II, 2015, p. 92. [5] España fascinante. [6] Artencordoba.

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